Como es sabido, el ser humano posé, por naturaleza, una curiosidad absoluta por conocer la realidad, pero no puede hacerlo (entenderla) por múltiples cuestiones.
Dicha incapacidad para conocer la realidad y tener que crear, en su lugar, una representación mental (el mapa en términos de la PNL) de lo que parece ser el mundo, trae consigo que existan una serie de incongruencias o conflictos entre personas. Por ejemplo, cuando un cristiano discute con un musulmán sobre quién es el verdadero dios, o acerca de cuál religión es mejor, lo que en realidad ocurre es que están comparando sus propios mapas.
Lo mismo ocurre en los acostumbrados debates de política, fútbol o incluso, en el proceso de aprendizaje (que es el enfoque que planeamos darle a este trabajo). El emisor combina las palabras que se ajustan a la imagen de lo que quiere decir, utiliza los ademanes correspondientes, y el receptor debe tratar de asimilar dichas palabras y compararlas con su propio mapa, para entender una aproximación del mensaje original del emisor. He ahí el por qué muchas veces surgen errores en la comunicación.
Cabe mencionar que ningún mapa es incorrecto o peor que otro. Sencillamente, el mapa muestra su valor de acuerdo a dónde se quiera llegar con él. Pongamos un ejemplo. A alguien que se ha planteado como objetivo ser rico, un mapa que está cimentado en la idea de que “el dinero es la raíz de todos los males” evidentemente no le resultaría conveniente. En cambio, un mapa que diga que “el dinero es poder, comodidad y libertad” sería mucho más útil a la causa.