Los niveles lógicos no se improvisan en el ser humano, sino que a medida que vamos creciendo y desarrollándonos se experimentan y consolidan o quedan deficientes, y de ahí vienen muchos de los trastornos de personalidad. A continuación y con el mayor detalle ampliaremos los contenidos de cada nivel en la medida que nos sea posible para este informe de investigación documental.
Ambiente. El primer nivel lógico se refiere al contexto externo, al entorno en el que existimos. El proceso de aprendizaje en este plano, aunque dura toda la vida, es fundamental que se consolide entre los 0 y los 3 años de edad para que el sujeto pueda establecer unas bases sólidas que consoliden un proceso de crecimiento equilibrado. En este nivel es el lugar en el que ejecutamos las acciones, con quien las realizamos y en los momentos en que se efectúan.
Incluye tanto el entorno natural como el laboral, social y familiar. Es todo el mapa del mundo externo que nos sirve de plato para realizar nuestras actividades, trabajo, relaciones humanas y amorosas, diversiones, empresas, proyectos, creaciones artísticas, y todo lo concerniente a la acción humana.
Los afectantes en este nivel son las tecnologías, contaminación, desarmonía, injusticias, ruidos, violencia, faltas de atención en la infancia, malos tratos, etcétera, todo aquello ayuda a nuestra insatisfacción y nos predispone a las alteraciones de salud que a la larga se manifestarán sin que seamos concientes de su origen y es importante tenerlo en cuenta en cualquier trabajo terapéutico que ejecutemos.
Comportamientos. Este nivel lógico es el que contempla y aglutina las acciones especificas realizadas en cada contexto. A partir de los primeros años de vida (2-3) el individuo comienza el aprendizaje conciente de conductas: hablar, caminar, utilizar adecuadamente los movimientos corporales, a manejar ciertos instrumentos para ejecutar acciones más complejas.
La experiencia correcta y bien dirigida permitirá que el sujeto adquiera soltura, dominio y equilibrio en sus comportamientos básicos como soporte para todo el aprendizaje conductual-cultural que deberá ir realizando a lo largo de su vida. En este periodo el niño experimenta y asimila las conductas básicas que desarrollará de adulto, a partir de la observación e imitación de las que sus progenitores o educadores ejecutan delante de él.
Capacidades. Estrategias, estados, recursos, habilidades, cualidades, emociones, programaciones mentales, etcétera, entran dentro de este apartado. A partir de los 6-7 años de edad el niño comienza a ser conciente de la realidad que le circunda razonando las causas y consecuencias de sus propias conductas y de las ajenas.
Aquí es donde las personas inician su formación en el desarrollo de todo tipo de estrategias mentales. No se deberían dejar al azar, como muchas veces se hace, la generación de tales recursos, ya que serán decisivos en la ida del sujeto. Este es el nivel donde opera con mayor asiduidad la PNL, ya que aquí se producen los bloqueos más frecuentes, y donde sus efectos pueden ser experimentados con mayor facilidad. Se trata de la dirección que imponemos a nuestra vida, y al sentido que le damos a nuestras conductas.
Creencias. Aunque el nivel de las creencias es un estado en permanente cambio y transformación , comienza a consolidarse a partir de la adolescencia, y permanece en construcción toda la vida, mientras permitimos que el proceso de evolución humana siga latente en nosotros. La época de la pubertad es el momento de acopio de términos de referencia necesarios para comprender el mundo que nos rodea.
Si las creencia no nos resultan validas comenzamos a experimentar un vació existencial o una búsqueda materialista que nos mantiene en un caótico y permanente estado de insatisfacción. Son tan importantes las creencias, que un grupo de éstas conforman las fijaciones y las pasiones del ego. También soportan la identidad y nos abren las puertas del poder o no poder. Debemos tener en cuenta que las creencias no son buenas ni malas, son potenciadotas, útiles o inútiles, en función que nos permitan o no seguir un proceso de desarrollo humano completo.
Identidad. A partir de la segunda década de vida, los individuos tienen que comenzar a edificar solidamente el nivel de su propia identidad, que es complejo y de precisa elaboración, ya que va a servir de faro para el resto de la vida.
Aunque en ocasiones se considera la identidad como sinónimo de personalidad, no son lo mismo. La identidad va mucho más allá conteniendo incluso los fines últimos a los que el sujeto aspira en la vida, es el concepto del “sí mismo”, mientras que la personalidad tiene que ver más con la imagen proyectada. La identidad es la respuesta al cuestionamiento de: ¿Quién soy yo? ¿Quién es este yo mismo? ¿Quién creo que soy, y como consecuencia dónde pongo mis límites?
Espiritual. Una vez que el sujeto esta comprometido en la consolidación de su identidad, debe iniciar el reconocimiento y la filiación del nivel individual más alto, el espiritual o transpersonal. ¿Qué o quién más hay conmigo, por encima de mí, más importante que yo? ¿Qué o quién hay más allá de mí? ¿Cómo vivo mi experiencia de pertenencia a un sistema más amplio y determinante que el de mi propia identidad? Son las preguntas que te conectarán con el grado de trascendencia.
Este es el espacio interno que nos vincula con lo transpersonal, incluso con lo sublime, o con la parte más profunda de nosotros mismos, eso que llamamos Esencia, Ser Esencial, Espíritu, o con aquellos aspectos de lo sublime como Energía Universal, Todo, el Oculto, lo absoluto, Dios, etcétera o la Humanidad, el Planeta, el Universo, etcétera.