Ahora bien, los virus mentales han sido organizados y categorizados en grupos, dependiendo de su intención y características:
Virus desencadenantes: Se tratan de programas que asocian una imagen o situación (esto es un elemento kinestésico, visual o auditivo) con una conducta en concreto. Esto se conoce como ancla mental (profundizaremos en este respecto en capítulos posteriores). Una persona con un virus desencadenante puede cambiar rápidamente de ánimo ante una imagen, un sonido o algún otro elemento.
Como todo virus, los desencadenantes tienen un fin aparentemente benéfico. Es por éstos virus que el hombre aprendió a huir ante un evento que lo pusiese en peligro (como la aparición de un depredador). Por supuesto, con el paso del tiempo los virus desencadenantes dejaron de resultar provechosos para la vida cotidiana del hombre, pues los peligros del mundo de hoy no pueden matar al hombre.
En el tema de la educación, un caso típico de virus desencadenante se presenta cuando un estudiante, tras haber dedicado horas al estudio de cierta materia, se siente sumamente estresado al estar frente a un examen, al grado de que olvida lo que había estudiado, consiguiendo una mala nota. El simple hecho de pensar en el examen, oír acerca de él o tenerlo frente a sí, provocan estrés en el afectado.
En el caso del estudiante, el virus desencadenante tiene la buena intención de protegerlo ante la situación peligrosa (obtener una nota baja), pero el temor que se disipa en el estudiante en vez de ayudarlo a vencer la adversidad (contestar el examen), nubla su mente. Por supuesto, habrá estudiantes que estando asustados podrán desempeñarse mejor que sin la propia presión.
La PNL tiene diversas curas para controlar o erradicar (dependiendo de la intención del paciente) a los virus desencadenantes. Las enunciaremos, a dichas panaceas, en el siguiente capítulo.